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Investigadores argentinos logran potenciar el efecto analgésico de la morfina

01/12/2014 | Un equipo interuniversitario logró potenciar el efecto analgésico de la morfina combinándola con ácidos grasos Omega 3, una sustancia natural que se obtiene de aceites de pescado y de chía, entre otras fuentes. La innovación -probada exitosamente en ratas de laboratorio- permitiría disminuir la dosis del fármaco manteniendo inalterada su acción terapéutica.

La hipótesis sobre la que trabajan los investigadores es que la reducción de la dosis conllevaría también una merma de los efectos secundarios. Por lo pronto, en los experimentos llevados a cabo los animales no desarrollaron “tolerancia”, esto es, el acostumbramiento del organismo que obliga a incrementar periódicamente la cantidad de un fármaco para mantener su efectividad.
En los roedores también notaron una disminución de los casos de constipación. La morfina puede generar una reducción de la movilidad del intestino delgado que deriva en cuadros de estreñimiento y, en casos extremos, suelen requerir una intervención quirúrgica para resolverlos.
La investigación «Composición farmacéutica y tratamiento farmacológico innovador para el dolor» es un trabajo conjunto que hace años llevan adelante Carolina Romañuk, María Eugenia Olivera y Rubén Manzo, de la Unidad de Investigación y Desarrollo en Tecnología Farmacéutica (Unitefa), dependiente del Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba, y Carlos Laino con su equipo del Centro de Investigación e Innovación Tecnológica, de la Universidad Nacional de La Rioja.
Recientemente, el Senado de la Nación declaró de interés el estudio de este grupo científico, que ya en 2013 había sido premiado con el TechConnect Global Innovation Award. Esta es una instancia donde exponen tecnologías emergentes en condiciones para comenzar la producción a escala industrial. En aquel entonces, fue la única innovación premiada de América latina y compartió la distinción con proyectos provenientes de Japón, Corea del Sur, Suiza, Australia, Canadá y Estados Unidos. Además, a fines de 2012, sus autores iniciaron los trámites de patentamiento del nuevo compuesto en Argentina, a través del Conicet.

Contra los efectos secundarios
Existe una batería de medicamentos para el tratamiento del dolor. Desde una simple aspirina hasta los más potentes, como la morfina. El uso prolongado de esta última, recetada mayormente a enfermos con dolor crónico, conlleva un abanico de efectos colaterales como constipación, náuseas, vómitos, espasmos musculares (miocolonias), reducción de peso, y eventualmente el desarrollo de mayor sensibilidad al dolor (hiperalgesia) y tolerancia.
La asociación de la morfina con ácidos grasos Omega 3 apunta justamente a lograr un mismo resultado analgésico pero con una dosis inferior del fármaco. Estiman que de esa manera podrían reducir sus consecuencias adversas.
“En ratas medimos concentraciones subterapéuticas de morfina, es decir, tan bajas que no tienen efecto. Pero cuando las combinamos con Omega 3, sí logramos resultados analgésicos”, explica Olivera.
El producto natural que utilizan los investigadores es un aceite de pescado rico en Omega 3, una sustancia que no aparece pura en la naturaleza, sino que se encuentra en distintas proporciones en aceites de pescado y de chía, entre otras fuentes.
Se sabía que el Omega 3 contribuía a reducir la inflamación y que esta, a su vez, está vinculada con ciertos procesos del dolor. Lo que se ignoraba era la capacidad del Omega 3 para potenciar la acción analgésica de la morfina y allí radica la clave del aporte que protagonizó el equipo interuniversitario de científicos.
En el camino también quedó la resolución del principal desafío: la morfina no se disuelve en el aceite de pescado que contiene el Omega 3. Esto impedía que se pudiera dosificar en cada cápsula la cantidad exacta de fármaco, pero los investigadores de la UNC encontraron la manera de lograrlo. La solución a ese escollo se mantiene en secreto.

Pruebas clínicas
Este desarrollo farmacológico plantea un nuevo escenario. En ese sentido, sus creadores ajustan actualmente los detalles de un convenio de colaboración y confidencialidad con el Instituto Oncológico Córdoba para realizar las pruebas clínicas.
Para obtener resultados significativos en términos estadísticos, 50 pacientes oncológicos deberán recibir la nueva combinación de sustancias. El tiempo que lleven estas pruebas dependerá de la rapidez con que los participantes se sumen al protocolo. Por lo pronto, los autores de esta nueva formulación farmacológica se expresan confiados en un resultado exitoso y adelantan que ya existen conversaciones con un laboratorio privado.

Fuente: La Mañana de Córdoba


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